Fin de la historia de Clara.

Si quieres leer los capítulos anteriores del relato erótico “UNa noche con Clara”, estos son los links:
https://sexualidaderotismo.wordpress.com/2012/02/06/relato-erotico-con-premio/

https://sexualidaderotismo.wordpress.com/2012/01/09/un-aperitivo-de-un-relato-erotico-muy-interesante/
https://sexualidaderotismo.wordpress.com/2012/03/05/sigue-el-relato-erotico-de-clara/
https://sexualidaderotismo.wordpress.com/2012/03/20/relato-erotico-seguimos-con-clara/
https://sexualidaderotismo.wordpress.com/2012/04/09/sigue-el-relato-de-clara/

… Y AQUÍ ESTÁ EL FINAL DE LA HISTORIA…

Clara entonces se acercó a mí. Colocó la planta de sus pies sobre mis muslos. Mis pezones se endurecieron inmediatamente. Decidí que aquél era el momento de hablar. Sin pensar en lo que iba a decir, me lancé.
–Clara.
–¿Sí?
–Tengo que decirte algo.
Clara se separó un poco, cogió el mando a distancia y apagó la televisión.
–¿Te acuerdas el día de la fiesta, en tu casa, cuando me largué sin decir nada?
–No necesitas darme explicaciones.
–¿Sabes por qué me fui?
–No.
Tomé aire. El corazón me latía deprisa. Me avergonzaba de lo que iba a decir.
–Porque tenía celos.
Clara me miró como si ya lo supiera.
–Pero eso no es malo.
–Clara. No me puedo creer lo que voy a decir y estoy muerta de miedo por decirlo, pero te quiero.
Tardó un momento en reaccionar. Sin dejar de mirarme ni un instante se acercó a mí, puso suavemente las yemas de sus dedos sobre mis mejillas, y mirándome con infinita dulzura me dijo:
–Estaba esperando que lo dijeras. Mi amor…
Posó sus labios sobre los míos y nos besamos por primera vez. Yo creí morir de felicidad, de pasión, de amor. Aquel beso se convirtió en un torrente de pasión desbordada. Nos desnudamos, nos abrazamos, nos recorrimos con la lengua. Me sentía libre por primera vez, aquél era por fin un verdadero acto de amor, sin limitaciones, sin reglas. Sentía que podía hacer lo que quisiera, que Clara y yo éramos iguales, que nadie dominaba a nadie. Cuando Clara recorrió mi clítoris con su lengua fue como el comienzo de una vida nueva. La electricidad que me recorría no era sólo placer, un placer nuevo y distinto, más profundo y más sencillo al mismo tiempo, sino que era también amor, entrega, la alegría de ser yo misma, de aceptarme como era. Durante horas nos amamos como si aquel acto de amor fuese el último de nuestras vidas, como si ya nada importara después de que nosotras nos hubiéramos amado. Mis manos, mis labios, mis pies, mi lengua, todo mi ser exploraba cada centímetro del cuerpo de Clara y lo encontraba fascinante, como si nunca antes la hubiese visto con los ojos con que acababa de aprender a mirarla.
Terminamos en la cama, exhaustas y abrazadas, sudorosas y felices. Yo tenía la cabeza recostada contra su pecho, oyendo los latidos de su corazón y sintiendo el ritmo de su respiración, cada vez más reposado. Me apreté fuerte contra ella y dejé la mente en blanco. No quería pensar porque tenía miedo de que si pensaba podía encontrar algo malo en aquello, algo que me hiciera arrepentirme de lo que acababa de hacer. Sólo quería sentir el calor de Clara. Ya habría tiempo para pensar. Sin embargo, dije:
–Tengo miedo de enamorarme.
Clara me besó el pelo.
–El amor da miedo. Pero no te preocupes. Con querernos es suficiente.
Era tan sencillo como eso. Con esa idea en la cabeza y con el deseo de quedarme así para siempre me fui quedando dormida.

Se pone en pie y levanta un pocol a persiana. Los primeros rayos de sol despiertan a Clara, que abre los ojos muy despacio. Se despereza. Parece feliz.

–Buenos días.
Clara se vuelve hacia la voz. Sonríe perezosa.
–¿Has tenido un buen viaje?
–No. Ha sido una noche de perros. No he hecho más que dar vueltas.
Clara se incorpora.
–¿Si te doy un beso te pones de buen humor?
–Voy a hacer café.
Clara se queda sobre la cama con el beso en los labios. Mira hacia la ventana.
–He tenido un sueño maravilloso. Tú estabas allí.
–¿Ah, sí? –la cocina está al final del pasillo pero la voz parece llegar de muy lejos. Clara se levanta y se viste despacio, como si tuviera miedo de que un movimiento brusco pudiera desvanecer el sueño en su cabeza. Luego va hasta a cocina. Huele a café.
–No has descansado nada.
–Absolutamente nada.
–Pues yo he dormido de maravilla.
–Qué bien.
Esteban retira la cafetera del fuego y se quema, coge un par de tazas, las coloca en la mesa. Luego coge un trapo para no quemarse y sirve el café.
Esteban, ¿me quieres?
Esteban se sienta y toma un sorbo de su taza.
–¿No me oyes?
–Sí, te quiero –su voz suena impaciente–, te quiero, ¿vale?, no son horas para estas chorradas.
–En mi sueño…
–Mejor lo del sueño me lo cuentas otro día, ¿vale? Me tengo que ir a trabajar y no he descansado una mierda en toda la noche. Algún día me va a dar un ataque.

Clara se lleva la taza a los labios. Esteban se levanta, se arregla y se va sin darle un beso. Clara deja la taza en la fregadera. Vuelve al dormitorio, se desnuda y se mete en la cama. Cierra los ojos, intenta dormir pero es imposible. El sueño no se repetirá. Clara nunca volverá a sentir lo que es ser importante para alguien.

FIN.

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Acerca de Sexoguay

Gerente de la tienda erótica Sexoguay-Haizegoa. Experto Universitario en Sexualidad Humana. Máster en Promoción de la salud sexual. Miembro de la AES Director del equipo que ha hecho el juego erótico Trivial Sexoguay
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