Relato erótico…seguimos con Clara

publicado anteriormente.
https://sexualidaderotismo.wordpress.com/2012/02/06/relato-erotico-con-premio/
https://sexualidaderotismo.wordpress.com/2012/01/09/un-aperitivo-de-un-relato-erotico-muy-interesante/
https://sexualidaderotismo.wordpress.com/2012/03/05/sigue-el-relato-erotico-de-clara/

–Anda, Julio, llama a tu compañero.
Julio llamó con un grito entrecortado al otro camarero, que resultó llamarse Andrés. Para cuando llegó, Clara le había bajado la bragueta a Julio, le había sacado la polla y me la había ofrecido. La cogí en mis manos. Tenía un tamaño aceptable y en pocos segundos se puso dura como una roca. Gruesas venas la recorrían longitudinalmente, tenía el prepucio sonrosado y a punto de estallar. La acaricié con suavidad mientras Julio me miraba como un niño asustado. Tengo que reconocer que empezaba a disfrutar de aquello. Nunca en mi vida, y mucho menos desde que conocí a Raúl, me había sentido tan dueña de una situación sexual. Cuando llegó Andrés por poco se le salen los ojos de las órbitas. Clara lo atrajo junto a sí y hurgó en su pantalón para sacar una polla aún flácida y casi negra. Fue un espectáculo ver cómo en cuestión de segundos aquel trozo de carne oscuro fue convirtiéndose en una verga de tamaño respetable. Cuando Clara se la metió en la boca yo cerré los ojos e hice lo mismo con la que tenía entre mis manos. La chupé muy despacio, con delicadeza, sintiéndola palpitar en mi boca. Empecé a excitarme, y cuando sentí que Julio comenzaba a gemir la engullí entera, hasta la base, y me dediqué a recorrerla con la lengua de arriba a abajo con mayor intensidad. De vez en cuando abría los ojos y miraba a Clara. Ella se daba cuenta, me miraba y sonreía guiñándome un ojo.

Clara se sacó la negra polla de la boca y se echó hacia atrás para contemplar mejor el espectáculo. Yo hice lo mismo.
–¿Os gusta?
Los dos asintieron sin palabras y sin casi aliento. Sus pollas brillaban a la luz de las lámparas, goteando nuestra saliva.
–Ahora queremos cambiar de pareja.
Cuando tuve frente a mí la polla de Andrés estaba mucho más grande de lo que me había parecido antes. Probablemente lo fuera, gracias al trabajo a conciencia que Clara le había dedicado. Intenté metérmela entera en la boca pero no pude. El hinchado capullo me golpeaba en la garganta pero yo lo seguí intentando, agrandando la boca todo lo que podía. Sólo fui capaz de engullir dos tercios, y eso con mucho esfuerzo. En vista de que el empeño era imposible, decidí dedicarme a chupar bien el prepucio, el frenillo, y la parte de la polla que me cabía enla boca. Tenía las bragas empapadas y la sangre me golpeaba en las sienes. Clara se sacó la polla de Julio y le dijo:
–¿Te gustaría correrte en mi boca?
El muchacho estaba a punto de eyacular, y la maniobra de Clara le había convertido en un corderito en sus manos. Dijo que sí, loco de deseo.
–Pues entonces chúpasela a Andrés hasta que se corra en la tuya.
–¿Qué?
Los dos camareros se miraron horrorizados por un instante. Luego apartaron sus miradas y las centraron en Clara.
–Vamos, no es tan malo.
Clara cogió del brazo a Julio y le obligó a arrodillarse a su lado. Luego se acercó a Andrés y se metió su polla en la boca. Julio, a escasos centímetros de la verga de su compañero, contemplaba a Clara con expresión asustada. Yo cada vez estaba más excitada. Entonces Clara se sacó la polla de la boca y, empujando a Julio suavemente de la nuca, acercó su cabeza a la enorme verga negra. Andrés hizo el gesto de retirarse. Me puse en pie y le abracé con delicadeza. Puse mis labios en los suyos. Los besé con dulzura y enseguida me respondió. Sacamos nuestras lenguas y nos besamos cada vez más apasionadamente. Mientras, Clara había acercado a Julio hasta que la polla negra rozó sus labios. Andrés intentó mirar para saber quién se la iba a chupar pero yo no le dejé, seguí besándole con su cara entre mis manos hasta que abandonó su lucha y se dejó llevar. Abrí los ojos para ver la escena. Julio tenía la polla de su compañero metida en la boca. Cerraba los ojos con fuerza y le temblaba el cuerpo, pero le estaba haciendo un buen trabajo, dejando que la polla entrara y saliera de su boca y apretándola bien con sus labios. Clara le miraba a escasos centímetros con los ojos muy fijos, la boca entreabierta, pasándose la lengua por los labios.
Andrés cada vez estaba más excitado y su respiración se hacía más agitada. Dejé caer mi mano por su espalda y la deslicé por dentro de su pantalón buscando su culo. Es un chico de gimnasio, pensé, mientras retiraba sus glúteos duros para encontrar su ano. Cuando metí el dedo corazón en él, su respiración se aceleró y comprendí que estaba a punto de correrse. Empezó a besarme con furia, mordiéndome los labios. A duras penas volví la cabeza para poder ver a Clara sujetando a Julio con fuerza por la nuca, obligándole a que no se retirara de la polla de su compañero mientras el esperma le rebosaba por las comisuras de los labios.
Una vez se hubo vaciado solté a Andrés. Estaba desfallecido. Ni siquiera miró hacia abajo para ver lo que había sucedido. Se hizo a un lado, se subió los pantalones y se sentó en un silla con la cabeza gacha entre las manos.
–Ahora es mi turno.
Clara tumbó a Julio en el suelo y se aferró a su polla conla boca. La chupaba con ansia, con movimientos rítmicos y feroces, mientras con la mano derecha se masturbaba. La respiración del joven se fue entrecortando hasta convertirse en un rugido.
–¡Dioooosssss…!
Julio tenía las manos crispadas, el cuerpo en tensión, violentos espasmos le sacudían como descargas eléctricas. Ni una sola gota de esperma salió de la boca de Clara, que sorbía golosa la polla de Julio hasta que lo dejó como muerto. Luego se puso en pie, se ató los botones de la blusa que se le habían desabrochado y me guiñó un ojo. Cogimos nuestras cosas y nos marchamos, dejando a Julio tendido en el suelo con el dorso de la mano sobre los ojos y a Andrés sentado en una silla con la vista extraviada.

En la calle hacía frío. Clara y yo caminábamos muy juntas para darnos calor.
–¿Te lo has pasado bien?
–Ha sido muy excitante.
–Éstos ya tienen algo que contar a sus amigos.
–Sí, pero seguro que no lo cuentan todo.
Clara y yo nos reímos con ganas. En ese instante, estoy segura, ella también percibió una mágica complicidad, un sentimiento de compenetración que iba mucho más allá de lo que pudiera significar la aventura sexual que acabábamos de vivir. Clara me daba seguridad, confianza en mí misma. Gracias a ella estaba empezando a quererme un poco más.

Clara se vuelve sobre sí misma y murmura algo en sueños. Alguien va al baño, se oye el ruido del agua deslizándose por las cañerías. Un hombre tose en la calle. El reloj de la sala hace un ruido insoportable. Son las tres de la mañana.  Se levanta sin hacer ruido y se queda a los pies de la cama. Clara parece tan vulnerable, así, dormida como un ángel. Tal vez se sabe protegida por alguien a quien nunca vencerá el sueño. La noche se empieza a hacer intolerable. Le gustaría hacer algo pero sabe que es imposible. Hasta que llegue el día no volverá a ser capaz de concentrarse. Hasta entonces es como si el tiempo se hubiese detenido, como si una maldición condenase a todo el mundo, también a los insomnes, a la inactividad.  De pie frente a la cama se siente mal. No le gusta verse como alguien que espía a los demás cuando duermen. Entonces son vulnerables, y esa vulnerabilidad los hace despreciables. Si pudiera dejar de pensar aunque sólo fuera por un momento.

Clara tenía un amigo. No lo supe hasta un día en que me pidió que le acompañase a hacer unas compras.
–¿Sabes hacer fotos?
–No soy una experta. Pero me salen bien y me gusta hacerlas.
Se estaba probando una falda larga y la talla que había elegido era demasiado grande para ella. Me pidió que fuese a buscar un talla menor. Mientras yo estaba ausente Clara se fijó en un hombre de unos cincuenta años que rondaba los probadores, buscando rendijas por las que ver algo. No pudo evitarlo. Se quitó la falda, se bajó las bragas hasta las rodillas y comenzó a masturbarse. Cuando el hombre lo vio, se colocó con disimulo en un punto desde el que podía ver a Clara sin llamarla atención. Al ver que había conseguido la atención del mirón, Clara prosiguió con el número, desabrochándose la blusa y acariciándose los pechos. Cuando volví con la falda me encontré a Clara con los ojos cerrados, la mano derecha en su vagina y la izquierda sobre sus tetas. No tuve tiempo de sorprenderme. Al percibir mi presencia abrió los ojos… (continuará)

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Acerca de Sexoguay

Gerente de la tienda erótica Sexoguay-Haizegoa. Experto Universitario en Sexualidad Humana. Máster en Promoción de la salud sexual. Miembro de la AES Director del equipo que ha hecho el juego erótico Trivial Sexoguay
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