Sigue el relato erótico de Clara…

publicado anteriormente.
https://sexualidaderotismo.wordpress.com/2012/02/06/relato-erotico-con-premio/
https://sexualidaderotismo.wordpress.com/2012/01/09/un-aperitivo-de-un-relato-erotico-muy-interesante/

…Todavía aturdida, haciéndome mil preguntas y sin comprender nada de lo que había sucedido, tuve que reconocer que había sido divertido. Clara se dio cuenta de mi confusión.
–¿Estás bien?
–No lo sé. Yo nunca…
–No te preocupes por eso.
–Creo que estoy un poco bebida.
–Anda, olvídalo. ¿Te apetece tomar otra? ¿Vamos a otro sitio?
–Es tarde, me quiero ir a dormir.
–Vaya, me estás dando calabazas.
–No, es que… de verdad, estoy muy borracha.

Me estaba levantando de la mesa cuando se me ocurrió volverme hacia Clara y decirle:
–¿Sabes? Con eso que me has hecho has conseguido ponerme a cien.

El rostro de Clara se iluminó con una sonrisa de sorpresa y agradecimiento.

–Me ha gustado mucho que me dijeras eso. ¿Puedo invitarte a cenar? Prometo que no te meteré mano.

Piensa que no debe pensar. Es más fácil descansar cuando la mente se queda en blanco y no hay nada quela perturbe. De lo contrario las imágenes bailan en la cabeza, cada vez son más inquietas y enfermizas y entonces no reposa ni el cuerpo ni la mente.

Piensa y se avergüenza de sus pensamientos. Se avergüenza de imaginarse a Clara rodeada de hombres que la maltratan en una habitación en penumbra, golpeando su cuerpo desnudo, obligándola a chupar sus pollas una tras otra mientras ella grita su nombre con voz rota, en busca de auxilio.

Se vuelve hacia Clara y su rostro le restituye la paz por un momento. Huele su pelo, su aliento, su cuerpo. Tiene que dejar de pensar.

El reloj de la mesilla marca la una y media.                                        

El restaurante al que me llevó Clara era un lugar tranquilo, íntimo, con media docena de mesas muy apartadas las unas de las otras y una música apenas audible. Un muchacho muy guapo, de pelo muy corto y labios carnosos, nos acomodó en un rincón.

–¿Has visto cómo nos ha mirado?

Yo no había notado nada especial, aparte de una amable sonrisa de cortesía, seguramente estudiada y repetida con todos los clientes.

–Nada más vernos se ha hecho su película. Es lógico, tiene un trabajo aburridísimo, hoy apenas hay clientes y necesita entretenerse en algo. Además este chico es muy imaginativo, se le nota en la mirada.

Clara encendió un cigarro y me ofreció otro a mí.

–Piensa que somos lesbianas. Siempre ha querido saber cómo se lo hacen las lesbianas. Se lo imagina pero le queda la duda y se muere de ganas de averiguarlo. En realidad lo que quiere es verlo. Va a intentar congeniar con nosotras para que le invitemos a una copa después del trabajo y entonces nos pedirá que le dejemos pasar la noche con nosotras. Sólo ver, nada de tocar, por supuesto. Con que me dejéis una silla en un rinconcito me vale, ni respiraré. Ni siquiera me haré una paja si eso os molesta.

–¿Alguna vez has hecho algo así?

–Ni que fuera gilipollas. Si tengo un tío guapo en la habitación no es para que se quede mirando. El que quiera peces que se moje el culo.

El otro camarero vino a traernos la carta. Era un chico aún más joven, de pelo muy negro y ojos verdes. Tenía esa sensualidad inconsciente de quien aún no se ha dado cuenta de lo que puede llegar a gustar. Se lo dije a Clara.

–No te hagas ilusiones. Yo diría que esos dos están juntos.
–¿Hablas en serio?
–Podría ser. ¿No ves cómo se sonríen?

El camarero mayor le dijo unas palabras al oído al moreno y éste se rió. Luego miró hacia donde estábamos nosotras.

–Pues qué pena.
–¿Por qué?
–Sería un desperdicio, ¿no?
–Lo sería si estuvieras dispuesta a aprovecharlo. ¿Lo estás?

Pensaba que Clara estaba bromeando pero aun así me puse nerviosa.

–Déjalo, Clara.

Una chispa de picardía se encendió en sus ojos.

–¿Has visto alguna vez a un tío comerse una polla?
–¿Qué?

Clara se echó a reír. Me gustaba la risa abierta, como de niña, de aquella mujer. Yo necesitaba a alguien así, alguien nuevo, que me sorprendiera y se preocupara por mí. Cenamos como dos buenas amigas que se vuelven a encontrar después de muchos años de haber llevado caminos separados.

Me fijé en los dos camareros, que estaban en un rincón, cuchicheando y mirando hacia donde estábamos nosotras. Me dio por ponerme filosófica.

–Son tan jóvenes. Les queda todo por descubrir. Todavía tienen más imaginación que sabiduría, y tal vez sean más felices así.
–Me gustaría ver al moreno chupándosela al otro. ¿A ti no?
–A mí también.

Fue el vino el que respondió, no yo. Al instante me asusté porque me di cuenta de que Clara no bromeaba y que llegaría hasta el final.

Clara llamó con un gesto al mayor de los camareros.

–¿A qué hora termináis aquí?

El muchacho miró su reloj.

–Ya sólo quedáis vosotras. En media hora recogemos y estamos libres.

–No tenéis prisa, ¿verdad? Quiero decir que podemos hacer algo juntos. Los cuatro. Anda, pregúntale a tu compañero.

El camarero se marchó tropezando con las mesas. Clara debió de leer una expresión de horror en mi rostro.

–¿Qué te pasa?
–Yo… no puedo hacer esto –luchaba contra mi miedo pero era más fuerte que yo.
–Claro que puedes.
–No sé, estoy un poco asustada.

Clara alargó su mano y cogió la mía.

–No te preocupes. Estás conmigo.

Fue como si de pronto descubriera que estando con Clara no me podía pasar nada malo, de que hiciese lo que hiciese en la vida bastaría con que ella lo aprobase.

–Listo.

El camarero parecía ahora mucho más seguro de sí mismo.

– Si nos dais veinte minutos nos arreglamos y vamos a donde queráis.
–¿Irnos? Ni hablar. No nos movemos de aquí. A mi amiga y a mí lo que nos apetece es comernos dos buenas pollas y para eso no hace falta ir a ningún sitio –el camarero se quedó pálido–. ¿Cómo te llamas?

–Ju… Julio.

……………….continuará

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Acerca de Sexoguay

Gerente de la tienda erótica Sexoguay-Haizegoa. Experto Universitario en Sexualidad Humana. Máster en Promoción de la salud sexual. Miembro de la AES Director del equipo que ha hecho el juego erótico Trivial Sexoguay
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